martes, 5 de julio de 2011
Brujas y su encanto
Es la Venecia del Norte por sus canales y conserva un embrujo especial, su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el 2000 por la UNESCO. No defrauda a quienes la visitan.
Posee un grandioso patrimonio artístico al que se accede por un nada modico precio. Está orientada al turismo y por ello recibe miles y miles de turistas ávidos de descubrirlo todo en un santiamén, sin apenas resuello.
La primera impresión que me causó fue simplemente espléndida.
Quise comenzar la visita en esta plaza fuerte, construida por los condes de Flandes, frente al Ayuntamiento y la Gran Plaza Markt, la mas importante de la ciudad y centro nervioso donde se discutía, se ajusticiaba y donde la siempre boyante industria textil hacía sus negocios. Como no, aloja Het Provinciaal Hof (gobierno provincial) y la Casa de Correos, dos edificios de estilo gótico de 1887.
El Ayuntamiento, por su parte, construido en 1240, tiene una torre de 83 mts. de altura (366 escalones) desde la que se domina toda la llanura flamenca.
La estancia en ella de los Duques de Bourgogne la convirtió en ciudad fastuosa y desde entonces fue acumulando tesoros que ahora se guardan en la Basilica de la Sta.Sangre, en el Het Schrijn o en el Het Gerechtshof.
La plaza del Burg contaba con cuatro puertas que se cerraban con llave. Hoy solo queda una de estas puertas de estilo barroco en la calle del asno ciego Blinde Ezelstraat, que debe su nombre a una antigua posada. Los canales rodean el burgo y se llenan de barcas repletas de turistas, que al terminar su recorrido se ven apeados en pequeños andenes de madera, adosados a las fachadas traseras de los edificios singulares por los que quizás escaparan los donjuanes tras las conquistas.
El conjunto inspira, es verdad, a pintores y fotografos. El puente de Sint-Jan Nepomucenus en la Wollestraat es un remanso de paz y, salvo los coches de caballos, apenas te interrumpe nadie. No es el agobio de otros sitios turísticos y simplemente contemplando a las abuelas, cómo hacen el encaje de bolillos en sus portales, te adueñas de los momentos de paz que te demanda el alma.
Los fines de semana, a orillas del rio Dijver, las almonedas sacan los trastos viejos a la calle para ofrecérselas a los transeuntes. Quien sabe si entre ellos no acabará alguna joya... un dia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario