Se ha sabido promocionar bien desde que el rey loco, sin conocer la trascendencia de su obra, consiguiera superar los enormes obstáculos que le pusieron sus súbditos. Y es que tampoco era normal que en 1886 cuando se construyó, a poco del comienzo del moderno siglo XX, se le antojara al trasnochado Luis II de Baviera embarcarse en esta empresa fastuosa. No le faltaban los mas modernos adelantos como la luz eléctrica e incluso el teléfono pero el pretendido regusto romántico del egocéntrico monarca parece ser que se contentó con ver la cascada desde su habitación. Reinó entre los años 1864 y 1886. Murió en extrañas circunstancias, ahogado en el lago Starnberg distante unos 60 kms del famoso castillo.
El lugar está formidablemente escogido y se divisa a lo lejos viniendo de Munich por una carretera rectilinea que termina empotrándose literalmente en él. Sí, lo sé, es un rincón demasiado explotado, pero a mi me resultó atractivo su fantástico entorno. Llegar hasta el puente de María, construido allí para su esposa, y disfrutar de los cientos de posibilidades de disparo de una máquina de fotos, es una buena opción para quien guste del paisaje.
Su paseo en carromato desde el aparcamiento de coches es agradable, tirados por un cuadrúpedo ya viejo que llama la atención de todos los viajeros, por su parsimonia y el cansancio que inspira su inacabable trabajo, digno mas bien de un condenado a trabajos forzados. No es que sea muy largo el trayecto hasta sus puertas, pero andando, cuesta arriba, se emplearía mas de media hora que no merece la pena perderse. Se traspasa el umbral y se accede a un patio donde hay que esperar pacientemente a que te llegue el turno y puedas pasar a través de los tornos. Todo está muy bien organizado en Alemania.
Dentro, como cualquier otro de los muchos castillos que se ofrecen por toda Europa.
Insisto en que lo mejor es el paisaje, sus pueblecillos de alrededor en los que hay que detenerse Fussen, Oberammergau, Schonau... encantadores y como remate el Parque natural de Berchtesgaden, rematado por la ermita de San Bartolomé

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