miércoles, 29 de junio de 2011

Sicilia y el Etna...

                    De un gran salto, me planto ahora en la isla que se halla a merced de la punta de la caprichosa bota italiana, para contemplar al mas importante de los volcanes europeos, el Etna. Con una altitud superior a los 3300 mts. se enseñorea de Sicilia. Etna se denomina a su cono volcánico, mientras que el monte que lo sostiene se conoce por Mongibelo, enclavado en un Parque natural, abonado por la ceniza volcánica, que fertiliza sus tierras adyacentes.


Es muy presumido, se yergue imperioso para que lo contemplen y cuando se enfada escupe fuego como todos. Lo ha hecho ya en varias ocasiones aunque sin provocar excesivo daño, la última en 2008 aunque parece que, aliado de sus vecinos, se limita a asustarles.

Catania, la ciudad mas grande y próxima parece no temerle demasiado porque tienen cerca el mar en el que sumergirse en caso necesario. Es un vecino al que no temen por ahora y les ayuda a concentrar turistas.

Me gustan las gentes de Sicilia, desde siempre se han sentido aislados del mundo, una seña de identidad que se descubre en cualquiera de las islas del Mediterraneo a poco que se profundice. Corsos, sardos, mallorquines, sicilianos... han vivido episodios de su historia deseosos de independencia, aunque llegaran siempre a la conclusión de que acaso sea mejor ceder en parte a la metrópoli que, dicho sea de paso, también está persuadida de que con ellas pierde mas que gana.

En todas ellas una clase dominante, bien relacionada en la capital, mantiene sus fueros lejos del alcance de la centralidad. La calidad de vida es superior allí y se disfruta mas de una naturaleza mas dócil y próxima.

El Mediterraneo les reserva calas celestiales donde aún es posible  bañarse desnudo sin ser observado, divisar su fondo y relacionarse a distancia con algún morador de sus aguas. Sicilia no es de playas, aunque sus aguas también cristalinas rodeen sus costas remojando sus rocas y les infundan la brisa cargada de sal y de aromas.

Catania es especial, como lo es también Siracusa y también lo sería Taormina de no ser por la invasión de turistas y su urbanización agobiante.

Me paseé por Corleone para revivir alguno de los pasajes de novela en los que se ha escrito tanto de este pueblo. No cabe duda de que algo queda de todo aquello, aunque los viejos se rieran a mandíbula batiente al mencionarles al Padrino...

Está la iglesia, testigo mudo, representando a quienes tanto callaron e incluso participaron en disputas fratricidas. Están las rocas, también mudas, que se insertan en mitad del pueblo y que se ven fracturadas por una colosal brecha. Intenté subir a lo mas alto, donde dicen despeñaban a los infortunados. Hoy es la morada de un ermitaño que dispone de un oteadero privilegiado; eso si un pequeño letrero avisa a quien lo necesitara que siempre se halla dispuesto a escuchar y perdonar los pecados de los atormentados que hayan de conciliar sus culpas.

Hoy, la apariencia es de querer vivir en paz con todos y consigo mismos. No sabremos, sobre todo los transeuntes a quienes nos asalta la duda, si el lastre de tantos años sufriendo por muertos propios ha cauterizado ya las heridas en tantas familias.

Viaje a un pasado ideológico...

No me resultó fácil llegar hasta alli, a las afueras de Budapest, haciendo transbordos. Por lo tanto, si no quieres coger taxi para ahorrartelos, te propongo que busques la zona de ocio de Campona, junto a la iglesia de Matias (el tranvía 6 te dejará cerca). Allí busca el Bus 150, tiene su parada inicial junto al Centro Comercial. Al conductor le pides un billete para Memento Park y no lo tires porque te valdrá como entrada al Parque. Un recorrido de 20/25 minutos y te dejarán a pocos metros de la puerta, eso si, en mitad del campo. Fue el lugar elegido por la nueva democracia húngara para arrinconar las gigantescas estatuas comunistas con que el Politburó Soviético pretendió inmortalizar la conquista de Budapest. Decididamente, no sabían qué hacer con esos "muertos" y seguro que algún avispado neo-capitalista aprovechó la forma de rentabilizarlas.




De Parque tiene poco. Es una explanada, expuesta al sol y a todas las inclemencias, que las ajustician sin piedad, como queriendo vengarse de ellas y de lo que simbolizan. Ni un solo arbol y los accesos poco sugerentes a los que se llega atravesando un arco de simple ladrillo donde, en reducido espacio, han habilitado la tienda de souvenirs cargada de señas comunistas. Un desvencijado Trabant hace las delicias de lo mas jovenzuelos que no encuentran oposición a sus desmanes




Un homenaje al Ejercito Soviético que tantas vidas ha sacrificado en toda su historia y que en el interior de la capital húngara es dificil sostener por el nefasto recuerdo que los capitalinos guardan de su estancia. En la actualidad el monumento levantado en  honor del Ejercito Rojo en la plaza Szabadság tiene que estar protegido de las iras húngaras por unas altas barreras disuasorias.

No es muy grande y pronto se termina el recorrido pero no dejes de ver el barracón anexo que entre tinieblas presenta imágenes, grabados y recortes de lo que fue el alzamiento revolucionario de 1956. Hartos de soportar el yugo comunista prefirieron la guerra de guerrillas contra su invasor hasta conseguir su retirada.

Curiosas formas de controlar sus movimientos, formas de vida imposibles de soportar y la valentía de hombres que dijeron ¡¡Basta!!, se presentan al mundo para que se conozcan con mayor extensión. El Este empezó a deshacerse allí, presionado también por el empuje de un Oeste ganado por el dolar.

En esta ocasión no hay templos que visitar, solo una invitación a los recuerdos de una época negra vivida en nuestro viejo territorio, afectado siempre por terceros que pugnan por hacer negocio.

Una historia que empezó en 1917 y que acabó con la disolución en 1991 de la Unión Soviética, que tantas muertes contabilizó desde entonces y que acabó dejando a su albedrío a otro sistema, el capitalista, no menos axfisiante.

A mi me sirvió de homenaje a sus hombres que de buena fe lucharon y murieron por sus ideales, siendo defraudados y engañados por sus líderes, aunque perdurará la romántica idea del bien común, que aún sigue enfrentándose a la de que es necesario el imperio de la propiedad privada.



martes, 28 de junio de 2011

Sin abandonar los Alpes... (Italia)

                   El desagüe de los Alpes son sus valles y hacia el Sur la escorrentía es mucho mas abundante. También la vista al Lago di Garda en muy recomendable.
Los pueblecitos parecen todos querer ganar sus playas, aunque solo algunos lo consigan. Presidiendo el Lago está Sirmione, que domina practicamente toda su extensión y erige su castillo para advertir que será dificil su conquista. Lugar de bellas mansiones de adinerados, quizás en menor escala que en Como, pero del mismo modo petulante.

Es de esos lugares en que puedes sentirte incómodo, rodeado del lujo que se respira.

Me sobrepuse cuando estuve allí y me dediqué solo al paisaje; claro que también comí buena pasta en una finca rústica y bebí el buen vino de Bardolino.

Como en toda Italia, no puedes olvidarte los helados para el postre, que son auténtica delicia



                   Fue lugar en el medievo donde las familias enseñoreaban sus feudos, como también lo hacen hoy, así que parece no haber cambiado mucho la situación desde entonces.

                   Todos los pueblos tiene su encanto y acogen a todo el que llega hasta ellos con simpatía.

                    Pasear a pie por ellos, tomar un capuccino en sus terrazas o dar un paseo en golondrina
es lo que mejor que puede hacerse allí hasta que llegue el momento de volverse.

lunes, 27 de junio de 2011

Dolomitas (Italia)

Quienes hemos sido montañeros, conocemos bien el embrujo de la montaña que es harto dificil explicar con palabras.
A mi me ganaron sus brujas siendo muy joven y muy cerca de donde nací, en una pequeña cordillera situada al norte que nos refugiaba de las inclemencias que ella para sí asumía. Esta montaña de la que hablo ahora no está para mi tan próxima, se aloja al sur del centro de Europa, finalizando los Alpes en su sector mas oriental.
Me acerqué hasta allí acabado un verano, antes de que aparecieran las nieves que tiñen de blanco todo aquello y lo convierten en paraiso de esquiadores; otros amantes de la montaña, aunque menos soñadores.

Salí desde Padova en coche, intentado alcanzar los confines del Véneto por el norte.
Por la S50, hasta Feltre, la sencilla carretera va alcanzando pendiente, la que separa el mar de la imponente montaña mudando los paisajes en un tránsito que evoluciona sin cambios drásticos, de manera que observas a lo lejos, sin sobresalto, cómo se va acercando a ti la mole de granito desde la lejanía. Después Belluno  se convierte en punto de no retorno si persistes queriendo alcanzar tu meta y Longarone, en la S51 se adentra ya en el encantamiento de abetos enormes y curvas imposibles: estamos ya en la región de los Dolomitas. Debe su nombre a Dolomieu, un geólogo francés que en 1791 descubrió la composición de su roca, la dolomía, de origen sedimentario marino
-quien  diría que hasta allí llegó la mar-
Llega un momento en que te ves rodeado por las moles y ya no sabes qué decir, te sobrecogen con su magnitud y lo mejor es que te dejes guiar a su merced, porque a lo largo del día te sorprenderá con sus contínuos cambios de imagen, según se vayan proyectando los rayos de sol sobre sus lados.
Se han puesto de acuerdo para adueñarse de este espacio:
Marmolade, Cinque Torri, Lavadero y sus agujas superando los 3.000
se han convertido en testigos mudos de cuanto acurre a su alrededor,
y aún parecen sobrecogidos queriendo huir hacia arriba,
después de las carnecerías que tuvieron lugar allí
entre austriacos e italianos en 1917
Aún se conservan restos de aquellas masacres
quizás para que los niños jueguen a la guerra.

No abandoné aquél lugar sin visitar el lago Misurina,
muy cerca ya de la frontera austriaca,
se asemeja a un espejo capaz de reflejar toda aquella maravilla.

Recomiendo severamente estas vistas para que se fijen para siempre en tu recuerdo.

MALTA

Por las fronteras del Sur aparece esta bella isla del Mediterraneo que también contiene templos. Perduran en el tiempo a pesar del despropósito del ser humano y de sus innumerables y cruentas batallas aunque gracias al trabajo de sus abnegados moradores, que durante siglos y siglos han hecho de ella un pequeño vergel entre los áridos, se ofrece a sus visitantes con mucha historia, tranquilidad y la posibilidad de ejercer de puente entre dos mundos.

Entre por aire y aquél avión me posó en Luqa, un aeropuerto pequeño pero confortable para la breve estancia que mantienes en su interior. En su recibidor se agolpan multitud de introductores entre guias, taxistas, conductores privados... que te asaltan literalmente para el traslado a diferentes destinos.

Gentilmente me fue a buscar Tony en su modesto coche y me trasladó con mis pertenencias hasta la hospitalidad de su casa en Bugibba, al inicio de la bahía de St.Paul, al norte.
Tony es el nombre de pila de un gran número de malteses, mitad ingleses, mitad fenicios, mitad africanos... curtidos en el arte de acoger a los que llegan a su isla con buenas intenciones, aunque han sido invadidos tantas veces que se decantan siempre por la mejor opción posible.
Hay que tratar de llegar siempre lo mas lejos del verano, cuando es posible moverse por la isla sin el inconveniente del sol aterrador que la castiga sin piedad, hasta hacerla casi inhóspita. Febrero a mi me resultó ideal para conquistarla porque apenas tuve oposición para hacerlo, toda ella estuvo accesible y nadie se mostraba agobiado por ello.
En su contorno, espacios como el de la foto encuentras varios, disponibles además por la estupenda red de autobuses que te llevan a cualquier lado, conducidos por expertos que no tienen reparo en exhibir sus vírgenes queriendo guiarles por el mejor camino desde Triton Fountain, centro neurálgico de Valletta.
Son los autobuses el regreso al pasado, motivo de miles de fotografías, lugar de convención de lugareños y turistas movidos pòr la misma causa: llegar hasta lo mas recóndito y por un precio... de risa. La tradición inglesa les obliga a conducir por la derecha y sus puertas, generalmente abiertas, los hacen mas asequibles para la subida y la bajada.
Para alcanzar Blue Grotto la ruta 35 que termina en Qrendi, me dejó en una parada en medio del campo, pero con buen humor y al principio cuesta abajo, no padecí lo más minimo hasta llegar al mar donde siempre esperan los barqueros, agrónomos convertidos, que te pasean hasta el fondo de una gruta escondida del Mediterráneo. Se alían las brisas y los susurros de las aguas que se van abriendo paso con el desagradable ruido del motor fuera borda. El mar azul, transparente, se deja contemplar en todo su esplendor y permite que esta vez le veas calmo y lo disfrutes.

Rincones para disfrutar, La Valletta y la fortaleza de su puerto natural, enfrentada a Vittoriosa en las que sus desproporcionados monumentos dan idea de lo que debieron ser cuando se constituyeron en la avanzadilla del cristianismo en el medievo.
Un balcón asomado a la bahía de St.Paul desde donde disfrutamos nuestras cenas, un aperitivo junto al mar en Marsalforn, en la isla de Gozo o el paseo por Mdina, fueron la expresión de un contacto con sus gentes.

Valetta, Bugibba, Rabat, Mosta, Mdina... ciudades para el recuerdo después de un viaje en febrero, entre amigos, sin el agobio del clima y los turistas que pueblan la Isla en verano.
Un pequeño transbordo hacia Gozo, con la poderosa Victoria enseñoreándose y la comida en Marsalforn, asomados a la bahía. Entre medias, acantilados en Dingli y un paseo en barca, inolvidable, hasta Blue Grotto donde descubres las transparencias del mar y los azules auténticos. Todo esto aconteció entre un nueve y un catorce de un mes tan anodino como febrero.

Majestuosa, construida a conciencia y capaz de resistir cualquier embite, La Valeta recibe amistosa a todo el que la visita.

Dicen que fuiste en Europa la primera ciudad planificada y se comprueba al andar por sus perperdiculares calles. Yo te encontré tranquila y repleta de gentes sencillas llegadas desde toda la isla en autobuses longevos, que el día en que mueran... necesariamente tendrán que reinventarse.

miércoles, 22 de junio de 2011

Los Acantilados de Moher (Republica de Irlanda)

Uno de los puntos mas occidentales del continente europeo, donde terminan estrellándose inmisericordes las aguas del Atlántico y desde los que, con toda seguridad, muchas jovenes irlandesas oteaban el horizonte tratando de localizar en la lejanía a sus amores alejados en busca de fortuna hacia las Americas. Muchas sucumbirían al desencanto mientras ellos se enrolaban ya en los muelles de Nueva York. Otras lograrían su propósito y emigrarían también en busca de su amado.
Sería por tanto una excursión de culto para quien quiera imbuirse de nostalgia y de recuerdos, mientras observa el bello panorama que se presenta a sus pies.
Llegué hasta allí en un pequeño utilitario, conduciendo por la izquierda en unas carreteras por las que los inhabituados solemos tragarnos las cunetas, como quien se sabe de alguna forma protegido por ellas, cuando te cruzas con algún confiado irlandés errante.
A propósito de carreteras debería afirmar que, salvo su estrechez, no son tan malas como las pintan y desde luego recrean el esplendor de los paisajes verdes por los que atraviesan.
A un paso de Ennistimon se abre una pequeña rada y sobre ella, superando la pendiente, alcanzas el lugar que buscas. No esperes aislamiento en este lugar tan frecuentado. Un enorme aparcamiento junto al Centro de Interpretacion te empieza a dar idea de la afluencia de visitantes en cualquier época del año. Está excavado y se accede por un pasadizo a una zona comercial de venta de souvenirs junto a la exposición permanente de fotos murales con profusión de sus habitantes.
Sin duda es unos de esos templos naturales en los que meditar...
de no ser porque, como en los otros,
la gente te impida hacerlo.
Lastima

Sigues por la carretera adelante, en dirección norte, y estás enseguida en la antesala de BURREN
en el Condado de Clare
una meseta calcárea azotada por los vientos que arrastran desde el continente americano
a las corrientes del Golfo.
un paisaje distinto, una morfología plagada de restos monumentales
en medio de fenómenos cársticos
aves marinas y especies botánicas inusuales en otros espacios.

Me convino hacen una parada en Doolin,
un pueblo minúsculo pero famoso
por su ambiente juvenil,
por el O'Connors Bar
y por su musica polular.
Una sopita reconfortante, buen guiso de carne
y una pinta inigualable.
Desde allí parten barcos hacia las islas de Arán
donde se hicieron famosas las sandalias de cuero con las que afrontaban
la adversidad de su suelo y las currach, unas embarcaciones
revestidas de tela alquitranada
que hicieron también famosos a
"Los hombres de Arán"