Es de esos lugares en que puedes sentirte incómodo, rodeado del lujo que se respira.
Me sobrepuse cuando estuve allí y me dediqué solo al paisaje; claro que también comí buena pasta en una finca rústica y bebí el buen vino de Bardolino.
Como en toda Italia, no puedes olvidarte los helados para el postre, que son auténtica delicia
Fue lugar en el medievo donde las familias enseñoreaban sus feudos, como también lo hacen hoy, así que parece no haber cambiado mucho la situación desde entonces.
Todos los pueblos tiene su encanto y acogen a todo el que llega hasta ellos con simpatía.
Pasear a pie por ellos, tomar un capuccino en sus terrazas o dar un paseo en golondrina
es lo que mejor que puede hacerse allí hasta que llegue el momento de volverse.
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