De Parque tiene poco. Es una explanada, expuesta al sol y a todas las inclemencias, que las ajustician sin piedad, como queriendo vengarse de ellas y de lo que simbolizan. Ni un solo arbol y los accesos poco sugerentes a los que se llega atravesando un arco de simple ladrillo donde, en reducido espacio, han habilitado la tienda de souvenirs cargada de señas comunistas. Un desvencijado Trabant hace las delicias de lo mas jovenzuelos que no encuentran oposición a sus desmanes
No es muy grande y pronto se termina el recorrido pero no dejes de ver el barracón anexo que entre tinieblas presenta imágenes, grabados y recortes de lo que fue el alzamiento revolucionario de 1956. Hartos de soportar el yugo comunista prefirieron la guerra de guerrillas contra su invasor hasta conseguir su retirada.
Curiosas formas de controlar sus movimientos, formas de vida imposibles de soportar y la valentía de hombres que dijeron ¡¡Basta!!, se presentan al mundo para que se conozcan con mayor extensión. El Este empezó a deshacerse allí, presionado también por el empuje de un Oeste ganado por el dolar.
En esta ocasión no hay templos que visitar, solo una invitación a los recuerdos de una época negra vivida en nuestro viejo territorio, afectado siempre por terceros que pugnan por hacer negocio.
Una historia que empezó en 1917 y que acabó con la disolución en 1991 de la Unión Soviética, que tantas muertes contabilizó desde entonces y que acabó dejando a su albedrío a otro sistema, el capitalista, no menos axfisiante.
A mi me sirvió de homenaje a sus hombres que de buena fe lucharon y murieron por sus ideales, siendo defraudados y engañados por sus líderes, aunque perdurará la romántica idea del bien común, que aún sigue enfrentándose a la de que es necesario el imperio de la propiedad privada.
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