miércoles, 22 de junio de 2011

Los Acantilados de Moher (Republica de Irlanda)

Uno de los puntos mas occidentales del continente europeo, donde terminan estrellándose inmisericordes las aguas del Atlántico y desde los que, con toda seguridad, muchas jovenes irlandesas oteaban el horizonte tratando de localizar en la lejanía a sus amores alejados en busca de fortuna hacia las Americas. Muchas sucumbirían al desencanto mientras ellos se enrolaban ya en los muelles de Nueva York. Otras lograrían su propósito y emigrarían también en busca de su amado.
Sería por tanto una excursión de culto para quien quiera imbuirse de nostalgia y de recuerdos, mientras observa el bello panorama que se presenta a sus pies.
Llegué hasta allí en un pequeño utilitario, conduciendo por la izquierda en unas carreteras por las que los inhabituados solemos tragarnos las cunetas, como quien se sabe de alguna forma protegido por ellas, cuando te cruzas con algún confiado irlandés errante.
A propósito de carreteras debería afirmar que, salvo su estrechez, no son tan malas como las pintan y desde luego recrean el esplendor de los paisajes verdes por los que atraviesan.
A un paso de Ennistimon se abre una pequeña rada y sobre ella, superando la pendiente, alcanzas el lugar que buscas. No esperes aislamiento en este lugar tan frecuentado. Un enorme aparcamiento junto al Centro de Interpretacion te empieza a dar idea de la afluencia de visitantes en cualquier época del año. Está excavado y se accede por un pasadizo a una zona comercial de venta de souvenirs junto a la exposición permanente de fotos murales con profusión de sus habitantes.
Sin duda es unos de esos templos naturales en los que meditar...
de no ser porque, como en los otros,
la gente te impida hacerlo.
Lastima

Sigues por la carretera adelante, en dirección norte, y estás enseguida en la antesala de BURREN
en el Condado de Clare
una meseta calcárea azotada por los vientos que arrastran desde el continente americano
a las corrientes del Golfo.
un paisaje distinto, una morfología plagada de restos monumentales
en medio de fenómenos cársticos
aves marinas y especies botánicas inusuales en otros espacios.

Me convino hacen una parada en Doolin,
un pueblo minúsculo pero famoso
por su ambiente juvenil,
por el O'Connors Bar
y por su musica polular.
Una sopita reconfortante, buen guiso de carne
y una pinta inigualable.
Desde allí parten barcos hacia las islas de Arán
donde se hicieron famosas las sandalias de cuero con las que afrontaban
la adversidad de su suelo y las currach, unas embarcaciones
revestidas de tela alquitranada
que hicieron también famosos a
"Los hombres de Arán"


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